La Gran Colombia
Los colombianos merecemos una segunda oportunidad que no tuvieron «los Buendía»
El Manifiesto
Cuando Aureliano Babilonia leyó los últimos versos del Inmanifiesto del Ser, descubrió las claves para descifrar que el tiempo no era un círculo condenado a repetirlo por siempre, sino una espiral de luz que estaba dentro de él.
Entonces, solo entonces, el último descendiente de «los Buendía» descubrió que Macondo no estaba condenado a cien años de soledad, sino a vivir mil años de bienestar. Y cuando pensó esto, Aureliano Babilonia ¡despertó! Encontró que Macondo no era normal. Era un caos heredado del pasado de su estirpe.
Una profecía autocumplida, alimentada por la enfermedad mental de sus habitantes. Y al encontrarse consigo mismo, no miró atrás para buscar culpables y quejarse frente al desastre. Se levantó como si iniciara un ritual espiritual. Luego, se sentó sobre una inmensa roca que parecía un huevo gigante del último dinosaurio del gran continente de Pangea de la Era Triásica. Reflexionó: —Esta es la oportunidad para comenzar un buen día y nacer de nuevo en el Ser y crear el Gran Macondo que está dentro de mí. —Se dijo a sí mismo con su frente sudorosa y su camisilla empapada en este amanecer Caribe lleno de luz y calor.
La disrupción de los pobres de espíritu
Basta ya de quejarse. Basta ya de echarle la culpa al Otro, a tu hermano. Los buenos somos el 99,9 por ciento que compartimos principios como el amor, la solidaridad, la búsqueda de sentido de nuestras vidas. ¿Por qué nos gobierna el 0,01 por ciento representados por las élites políticas, financieras, tecnológicas, mediáticas que operan desde la dictadura del Ego? Porque esta inmensa mayoría está fragmentada, distraída, pero no perdida. ¿Pa´ dónde va la gente? Pa´ donde va Vicente. El camarón dormido se lo lleva la corriente. Lo que sucede no es una conspiración de algunos ricos y poderosos contra los humanos.
Existe una estructura sistémica de pensamientos donde el Ser desplazó el Ego que te hace desear y tener más, incluso, lo ajeno. Por esa razón, los pobres de espíritu iniciamos la Revolución del Ser. ¡Comienza la disrupción política! Es hora de que cada uno de nosotros actúe para construir una segunda oportunidad de los descendientes de «los Buendía». ¿Deseas acompañarnos en esta misión?
Colombia duele como el mundo: alienación, guerras, inseguridad, pobreza, polarización y caos institucional. La muerte de Charlie Kirk, en Estados Unidos, y de Miguel Uribe, en Colombia, expresan lo mismo: una sociedad enferma por el odio. Quieren convertir estos asesinatos en el incendio del Reichstag para que surjan los nuevos Hitler o los nuevos Stalin. El establecimiento político continúa sometiendo a la sociedad en la trampa del discurso polarizante o de caminos tibios para seguir reinando. Los holocaustos que producen las guerras son evidencias de que fracasó el mundo político y de las ideologías dominantes.
Los políticos —cualquiera sea su ideología y su relato— son incapaces de superar el dolor a escala local y universal. Siempre recetan lo mismo para problemas diferentes, como las instituciones de salud recetan acetaminofén para todo tipo de patología. Usan la mentira que nos divide y nos mata. El país y el mundo están en manos de políticos que han ejercido el poder durante estos 200 años de modernidad con un capitalismo sanguijuela, o del autoritarismo mesiánico de inspiración soviética. Ninguno de los dos relatos ideológicos resolvió los grandes problemas de la humanidad. Las dos últimas décadas de frustraciones políticas y de crisis económicas mundiales del siglo XXI son consecuencia de la dinámica que asume el poder del Ego en el sujeto y éste en la humanidad.
LA ILUMINACIÓN
Desde la Era Axial hasta Jesucristo, pasando por los estoicos y la filosofía griega, la iluminación no se revela únicamente como un despertar espiritual, sino como una ruptura con los sistemas de opresión —internos y externos— que han condicionado al ser humano. Es el instante en que el Ser se reconoce libre, consciente y capaz de transformar su realidad. Pasar del dolor profundo a una paz duradera es una decisión que te pertenece. Por tanto, del actuar de los buenos humanos colombianos —que somos la inmensa mayoría— dependerá el futuro de la humanidad. No se trata de mesianismo, sino de una visión holística del mundo. La parte es el todo, y el todo es la parte. Cada individuo encarna a la sociedad, y la sociedad habita en cada individuo.
Aquí está mi revolución personal, ya como padre, periodista, empresario o político en ciernes, que busca una oportunidad para los descendientes de «los Buendía». Mi vida ha tenido tres momentos y cuatro escenarios territoriales: Magangué, Barranquilla, Cartagena y Bogotá. Nací con una estrella en la frente y una misión en el alma. Desde Magangué, mi historia comenzó como un acto de conciliación. Mi nombre es una mezcla de ciencia y santidad: Edison, por la luz eléctrica que iluminó al mundo; Lucio, por la luz espiritual universal que emana de Santa Lucía. Vine al mundo en medio del deseo profundo de mi madre por ver nacer un varón. Ella había parido cuatro hijas seguidas. Yo fui esa respuesta, cargado de fuego interior. Mi tía Meño dijo: «El niño de la voz de oro».