
La Acción Comunicativa y la Dictadura del Ego fueron las herramientas discursivas que usé en la consulta presidencial del 8 de marzo para presentar nuestra visión de país. Más de 50 mil personas votaron por esa propuesta. Este discurso fue resultado del ejercicio intelectual de Jürguen Habermas y de mi reflexión teórica sobre la Revolución del Ser para acabar con la Dictadura del Ego, responsable del holocausto humano y planetario.
La muerte del filósofo alemán, ocurrida hoy 14 de marzo en Starnberg a los 96 años, no es simplemente la partida de un académico. Es el silencio de una de las últimas conciencias morales de la Europa que surgió de las cenizas de la guerra producida por la Dictadura del Ego.
La muerte del filósofo apagó su voz. Pero se abre un espejo con su acción comunicativa. Un espejo donde las sociedades vuelven a mirarse para preguntarse qué hicieron con las ideas que alguna vez prometieron civilización, democracia y dignidad humana.
Habermas nació en 1929, en una Alemania que pronto sería arrastrada por la tormenta del nazismo. Como muchos jóvenes de su generación fue incorporado a las juventudes hitlerianas, demasiado joven para participar en la guerra. Eso le produjo un choque moral y ético. Un trauma que marcaría su pensamiento para siempre.
La cosmovisión eurocéntrica
La cosmovisión eurocéntrica es la perspectiva ideológica y cultural que sitúa a Europa y su cultura como el centro, motor y modelo universal de la civilización humana. La Europa civilizada sometía a las otras civilizaciones de la humanidad y, al mismo tiempo, daba luces de libertad. ¿Podía el Ego producir un hombre ilustrado pero esclavo? Sin duda, las dos Guerras Mundiales demostraron que la Ilustración produjo grandes transformaciones humanas atadas al Ego que dirige la conquista y exterminio del Otro.
Por ejemplo, Alemania, cuna de la filosofía clásica, mostró que podía producir a Kant, y a Beethoven… pero también a Hitler. O que un gran filósofo que nos habló de la esencia del ser, como Martin Heidegger (1889-1976), militó y justificó la política nazista.
La Europa civilizada con su cosmovisión eurocéntrica sometía a las otras civilizaciones de la humanidad y, al mismo tiempo, daba luces de libertad. ¿Podía el Ego producir un hombre ilustrado pero esclavo de su propio Ego? Sin duda, las dos Guerras Mundiales demostraron que la Ilustración produjo grandes transformaciones humanas atadas al Ego que lleva a la conquista y exterminio del Otro.
Por ejemplo, Alemania, cuna de la filosofía clásica, mostró que podía producir a Kant, y a Beethoven… pero también a Hitler.
¿Ego o Ser?
La gran pregunta que atravesó la obra Habermas fue simple y brutal:
¿Cómo evitar que la barbarie gobierne a las sociedades modernas?
Su respuesta fue la democracia deliberativa: una sociedad donde los ciudadanos dialogan, argumentan y construyen consensos.
Habermas creyó en la razón.
Creyó en la palabra.
Creyó que la política debía ser conversación.
La democracia del Ego
Pero el siglo XXI nos enfrenta a una pregunta aún más profunda.
Porque lo que hoy domina la política global no es solo la lucha de ideologías.
Es algo más antiguo y peligroso: la Dictadura del Ego.
Ese sistema invisible que convierte el poder en vanidad, la política en negocio y la verdad en propaganda. El Ego es la raíz silenciosa de las guerras, de las desigualdades y de la corrupción del poder.
Habermas trató de enfrentarlo desde la razón pública: defendiendo la idea de que la democracia solo puede sobrevivir si los ciudadanos dialogan en igualdad de condiciones.
Pero la historia nos ha mostrado que el Ego tiene muchas máscaras. Puede vestirse de derecha o de izquierda. Puede hablar en nombre del mercado o en nombre del pueblo, como lo hizo Hitler o Stalin.
Siempre termina produciendo lo mismo: polarización, miedo, poder concentrado y exterminación del Otro. La culpa es del Otro. La culpa no es mía. Es lo que el Ego te dice, mientras controla tu mente y tu intelecto.
América Latina: democracia sin conversación
Las ideas de Habermas cruzaron el Atlántico y llegaron a América L
atina como un mapa teórico para reconstruir la democracia después de las dictaduras.
Sus conceptos de esfera pública, consenso y deliberación inspiraron debates académicos, reformas constitucionales y proyectos políticos.
Pero aquí encontramos un problema más profundo.
Habermas imaginaba ciudadanos dialogando en condiciones relativamente iguales. Un mundo ideal pensado desde el eurocentrismo.
América Latina, en cambio, es un continente donde millones de personas ni siquiera tienen acceso real a la conversación pública. No hay espacio público. Mucho menos a votar libremente cuando los medios de comunicación y las redes sociales son controladas por los que se aprovechan del miedo para discriminar al Otro.
Aquí existe una cacocracia que suplanta la democracia deliberativa propuesta en nuestra constitución nacional inspirada en Habermas. Es la democracia de los cacos de la política y de la economía. Se parece a un monólogo del poder que a un diálogo de ciudadanos.
Y allí aparece el gran desafío de nuestro tiempo. No basta con cambiar las instituciones. Hay que transformar la conciencia. Transformar al humano en un Ser consciente de sí mismo.
La Revolución del Ser
Frente a la Dictadura del Ego, emerge una idea que no pertenece a Europa ni a América Latina, sino a la evolución misma de la conciencia humana: la Revolución del Ser.
Una revolución silenciosa que no comienza en los palacios de gobierno, sino en el interior del ser humano.
Una revolución que no busca conquistar el poder, sino transformar la conciencia que ejerce el poder. Esta fue la propuesta política que resumí en La Gran Colombia, propuesta que no pude masificar ampliamente en mi participación de la consulta presidencial del Frente por la Vida.
Este es el espíritu de El Inmanifiesto del Ser: la comprensión de que las crisis políticas, económicas y sociales que vive la humanidad no son solo fallas institucionales o sitémicas. Son síntomas de una civilización gobernada por el Ego.
Mientras el Ego domine la política, la democracia será frágil o una cacocracia.
Mientras el Ego domine la economía, la riqueza será desigual y se ampliará la pobreza. Si el Ego domine la cultura, la sociedad seguirá dividida.
La verdadera transformación comienza cuando el Ser reemplaza al Ego como centro de la vida pública.
El legado de Habermas
Habermas creyó profundamente en la razón, en el diálogo y en la democracia.
Fue un filósofo que nunca abandonó el espacio público.
Un pensador que se negó a aceptar que la política debía ser una guerra permanente.
Su legado no está solo en sus libros. Está en la pregunta que deja abierta para el siglo XXI: ¿Puede sobrevivir la democracia si los ciudadanos dejan de escucharse entre sí?
Tal vez la respuesta esté en ir un paso más allá de la razón ilustrada que Habermas defendió.
Tal vez el desafío de nuestro tiempo sea unir la razón con la conciencia como lo propuse en el proyecto de La Gran Colombia que lo vieron más 50 mil hombres y mujeres que votaron por mí en la consulta presidencial.
Pasar de la política del Ego a la política del Ser, es un desafío profundo. El reto es lograr que esos hombres y mujeres que entendieron nuestra propuesta se conviertan en embajadores del Ser.
Porque al final, como enseña el mar Caribe cuando golpea pacientemente las costas de nuestra historia, las civilizaciones no caen por falta de poder. Caen cuando pierden su conciencia.
Y tal vez la muerte de Habermas nos recuerda justamente eso: que la democracia no es solo un sistema político.
Es, ante todo, un estado de conciencia colectiva.
Lucio Torres
Periodista investigativo · Colombia