
Por Lucio Torres (excandidato presidencial del Frente por la Vida)
Los resultados de la elección del nuevo Congreso y de la consulta presidencial del 8 de marzo de 2026 despejaron, en buena medida, el panorama político de cara a la primera vuelta del 31 de mayo. Pero también dejaron una conclusión más profunda: Colombia sigue siendo un país sin mayorías absolutas. En este contexto, emerge la candidatura de Roy Barreras que podría encarnar un Gobierno de Reconciliación Nacional-Pan con Paz, como lo propusimos en el debate de la consulta del Frente por la Vida.
Esa realidad, lejos de ser una debilidad, podría convertirse en una oportunidad histórica para evitar que el país vuelva a caer en la trampa de la polarización. Los cerca 50 mil personas que votaron por esa propuesta, ahora con Roy podría prender en la mentalidad del electora colombiano y, en especial de los territorios.
El equilibrio
Si algo revelaron las urnas es que ni el Pacto Histórico (izquierda) ni Centro Democrático (derecha), lograron consolidar una hegemonía política. Aunque fueron las dos fuerzas que más crecieron en el Congreso —25% y 35%, respectivamente— ninguna alcanzó las mayorías necesarias para imponer por sí sola su agenda electoral.
Eso significa que el país sigue buscando un punto de equilibrio.
En este escenario, no es descabellado pensar que la primera vuelta presidencial llegue con tres grandes votaciones: la de Roy Barreras, la de Iván Cepeda, y la de Paloma Valencia.
La polarización que paraliza
En este punto nos hacemos esta pregunta: ¿qué tipo de país emergerá de la polarización izquierda-derecha?
En los últimos años desde que Álvaro Uribe triunfó, Colombia está atrapada en una confrontación política permanente entre derecha e izquierda como lo fue en una época el liberal y el conservador. Esa tensión llegó a su punto más alto durante el gobierno de Gustavo Petro, presidente de Colombia"
El resultado está a la vista. La agenda reformista encontró enormes resistencias en el Congreso y el país terminó viviendo una parálisis institucional que impidió avanzar en las grandes transformaciones prometidas. Mientras tanto, la economía mostró algunos indicadores positivos, pero en buena medida apoyados en viejas recetas que no lograron modificar las profundas desigualdades sociales y territoriales.
Las reformas estructurales quedaron aplazadas. La paz siguió siendo una promesa incompleta. Y la polarización se convirtió en el clima permanente de la política nacional.
Colombia ya vivió esa experiencia. Y sabe que el país pierde cuando la política se convierte en una guerra de trincheras.
El error estratégico del Pacto
Los resultados de la consulta presidencial también dejaron una lección política.
El triunfo contundente de la llamada Gran Consulta no se explica únicamente por la fuerza electoral de ese sector. También fue consecuencia de una estrategia equivocada dentro del Pacto.
En lugar de fortalecer el Frente por la Vida, algunos sectores optaron por boicotearlo y promover el voto hacia otras candidaturas con el objetivo de frenar el ascenso de Paloma Valencia. El resultado fue paradójico: muchos electores no percibieron una alternativa clara frente a la candidatura de Roy Barreras como la nuestra y, al mismo tiempo, se desató una campaña de desprestigio en su contra.
El efecto terminó siendo el contrario al esperado: la consolidación de la candidatura de Paloma y una victoria aplastante de la consulta uribista, como lo había predicho.
La política suele castigar los errores estratégicos. Y esta vez no fue la excepción.
Las mayorías están esperando
Si algo reveló la elección legislativa es que las mayorías reales del país no están en los extremos ideológicos.
Los partidos que hoy pueden inclinar la balanza política son el Liberal, el Conservador, Alianza Colombia y el Partido de la U. Entre todos suman cerca de 40 curules en el Senado, y si se agregan otras fuerzas cercanas podrían llegar a 47.
Ese bloque representa una realidad política evidente: la gobernabilidad del próximo presidente dependerá de acuerdos amplios.
Ningún proyecto político podrá gobernar solo.
Roy y la posibilidad de un Pacto Nacional
En ese escenario, la candidatura de Roy Barreras tiene una ventaja estratégica que pocos reconocen: no pertenece a un solo molde ideológico.
Su trayectoria política ha atravesado distintos momentos de la vida nacional. Eso le permite hablar con sectores liberales, conservadores, progresistas y democráticos sin las barreras que hoy separan a otros liderazgos.
En un país fragmentado, esa capacidad de interlocución puede convertirse en un activo decisivo.
Pero para lograrlo necesita algo más que una candidatura competitiva. Necesita una propuesta política que convoque a las mayorías sociales del país.
Pan con Paz: la reconciliación posible
Esa propuesta podría tomar forma en un Gobierno de Reconciliación Nacional, sustentado en una idea sencilla pero poderosa: Pan con Paz.
Pan para cerrar las brechas sociales que todavía condenan a millones de colombianos a la pobreza. Definir las grandes reformas del país.
Paz para superar el ciclo de confrontación política que ha paralizado al Estado.
Un gobierno de esta naturaleza tendría un objetivo claro: reunir a liberales, conservadores, progresistas y demócratas en un acuerdo político que permita sacar adelante las grandes reformas sociales que Colombia sigue necesitando.
No se trataría de una simple coalición electoral, sino de un pacto nacional para reconstruir la gobernabilidad del país.
Porque si algo demostró la última década es que la polarización puede ganar elecciones, pero no necesariamente puede gobernar un país.
Cambiar el curso
Colombia enfrenta una decisión histórica. El país puede repetir el ciclo de confrontación entre extremos que marcó los últimos años, o puede abrir un camino distinto basado en la reconciliación política y la justicia social.
Las urnas del 8 de marzo enviaron una señal clara: el país sigue siendo plural y diverso. Precisamente por eso, la salida no consiste en imponer una visión sobre las demás, sino en construir un acuerdo que permita gobernar para todos.
La historia demuestra que las naciones transforman su rumbo no por la imposición, sino por el encuentro.
Tal vez llegó el momento de que Colombia lo entienda ahora.
Lucio Torres
Periodista investigativo · Colombia